miércoles, 26 de agosto de 2015

Colegio Anfora de Cuarte



Colegios concertados
La polémica suscitada por la concertación del colegio Ánfora de Cuarte pone sobre la mesa un tema que habrá que afrontar tarde o temprano. Además no es un tema que haya surgido de forma espontanea con el surgimiento de la democracia en España. Es un conflicto que ya se discutió en el siglo XIX . La ley Pidal (1845) es derogada en 1887. Esta ley había restablecidos los “Colegios asimilados” que pertenecían a las congregaciones religiosas y tenían el privilegio de no someterse a inspección estatal alguna ni de imponerse en programa. Resulta curiosa la polémica que surgió cuando el arzobispo de Sevilla Ceferino Gonzalez en dijo en las Cortes: “Cuando alguien quiere apoderarse  de un pueblo lo primero que hace es apoderarse  de la Enseñanza” a lo que el ministro Romanones contestó: Precisamente porque no quiero que nadie  se apodere del pueblo español, deseo que la enseñanza sea una función que pertenezca por completo al Estado”. Cuando en los años ochenta Felipe Gonzalez universaliza la educación es necesaria la concertación con los colegios privados existentes (la mayoría religiosos) ya que no había suficiente infraestructura para acomodar a los nuevos alumnos que se incorporaban. Por eso la concertación no es una obligación sino una necesidad en un momento puntual. Se han sacados eslóganes como libertad de elección de centro, de educación, etc. No es posible decir que los alumnos tienen derecho a elegir el centro que deseen: ¿Qué colegio podrán elegir los niños de Castelseras, Villafranca, Orihuela,……… si sólo hay un colegio? Si no hay igualdad no hay libertad. No deja de ser curioso que la mayoría de los colegios concertados no asumen como los públicos toda la diversidad étnica ni económica que asumen los públicos. No hay justicia sin equidad.  En el fondo creo que el arzobispo de Sevilla tiene razón. La Iglesia necesita espacios, además de las iglesias para “orientar” a los alumnos hacia las ideas que la iglesia propone. No hay mejor espacio que un colegio. El problema está en que las creencias tanto religiosas como políticas no deben tener este marco educativo para ser propagadas. En cualquier caso si algún padre quiere una educación unidireccional puede enviarlo al colegio privado que desee pero no a costa del erario publico.